Siete Pasos para la Salud Espiritual

Michael Channeling On How Spiritual Healing Can Improve Your Life


Spiritual Health


Channeled by David Gregg (Translated by Francis Alma)

La salud espiritual, aunque no es muy practicada en la profesión médica, es un factor que contribuye en la salud total del cuerpo físico, así como en la salud del alma. Tu salud espiritual ilustra el progreso de tu bienestar espiritual. Sin esta guía para navegación puedes sentirte a merced de la pompa de la vida que está teniendo lugar de forma desmadejada alrededor de ti, tal como si estuvieras navegando sin timón. Conforme sucumbes a este miedo, puedes reaccionar de manera defensiva a las experiencias con las que te encuentres en vez de mover tus velas hacia el viento y dirigir tu vida en una dirección de tu propia elección.

Los siguientes pasos para la salud espiritual fueron elegidos para ayudar a enfrentar los obstáculos que te previenen de realizar el máximo potencial de tu alma.

1) Enfrenta Tu Dolor



El escapar del dolor emocional en la vida es imposible, por supuesto, y a menos que planees unirte a Sísifo con su roca por el resto de la eternidad, es mejor enfrentar el dolor con el que te encuentres, aprender de la experiencia, y dejarlo ir.  Como si fuera un contador Geiger emocional en tu cuerpo, el dolor no-físico típicamente indica tus expectativas no cumplidas y tus desilusiones.
 
A pesar de ser intenso y desagradable, el dolor emocional te sirve de la mejor forma como una herramienta, no como un vehículo para desesperarse.  Cuando es utilizado como un mecanismo de defensa contra desbalances energéticos estresantes en el cuerpo, el dolor emocional te alerta para descargar energía improductiva, la cual, si se deja fermentar, puede materializarse físicamente y causar daño.  Conforme se esparce en los reinos psicológicos, el dolor emocional puede actuar literalmente como un cáncer que se alimenta de tu miseria, atrapándote en la angustia del martirio.
 
Para evitar esta forma de victimización auto-impuesta, aprende a enfrentar tu dolor y soltarlo.  Simplemente déjalo ir.  En vez de pelear contra él o negar su existencia, permítele un dominio total sobre tu cuerpo.  Permite que el dolor resuene a través de ti tal como si fueras un diapasón humano, y dale rienda suelta a todo hasta que las vibraciones se reduzcan.
 
En un margen de tiempo sorprendentemente corto, el dolor desaparecerá gradualmente.  Una vez las ondas emocionales hayan amainado, eres libre de procesar la experiencia con el intelecto, y tomar acción física apropiada, de ser necesario.  Dependiendo de la severidad del dolor, no obstante, este ejercicio puede requerir varios intentos antes de que el dolor sea liberado por completo.
 
Cuando te enfrentas al dolor, te embarcas en una jornada que no ofrece un camino fácil de regreso, por ende es una decisión que no debe de tomarse a la ligera.  Sin embargo, una vez tomas la decisión, y eliges enfrentar tu dolor sin remordimientos, te permites a ti mismo ver más allá de las fachadas polvorientas construidas alrededor de tus miedos.  Estos frentes falsos son como si fueran pueblos fantasmas dilapidados en tu alma y sirven como recordatorios decadentes de tu resistencia a enfrentar tu dolor con valentía y resolución.
 
Debido a que la circuitería neurológica de tu cerebro no puede diferenciar entre el dolor que resulta de una relación fallida, o las heridas emocionales al ver a un miembro de la familia ser asesinado, no hay diferencia entre el dolor que encuentra resolución en tres días o el dolor que dura por toda una vida -- el dolor es dolor.  Es una elección si se deja a las heridas viejas del pasado fermentar por años.  La intensidad, por supuesto, puede variar en estas circunstancias, pero de nuevo, el dolor emocional te alerta hacia un desbalance que necesita ser resuelto, no olvidado.
 
Por tanto, la elección de sanar viejas heridas es una decisión consciente que solamente requiere la determinación para hacerlo.  No deseamos parecer callosos hacia el sufrimiento muy real que plaga los fragmentos que viven en el plano físico, pero nos mantenemos firmes en decir que el camino hacia la sanación espiritual y a la salud emocional siempre comienza con ese primer paso.
 

2) Aprende De Tus Errores



No se le debe tener miedo a los errores. Son escalones necesarios hacia aquello que deseas cumplir en la vida y donde más necesitas mejorar. Los errores son simplemente grietas en tu enchapado que más adelante pueden ser pulidos; no son manchas en tu pasado ni experiencias dolorosas que mejor es que sean olvidadas, sino más bien oportunidades para mayor entendimiento.

Cada error que cometes está repleto de potencial. Cada desvío del camino, cada contratiempo, cada torpeza por la cual te castigas a ti mismo, ofrece el potencial de ver de primera mano cómo la elección le da forma a tu camino en la vida. El potencial en cada decisión que haces es un fruto maduro que explota con el sabor de la nueva experiencia. Los errores no son emisarios enviados para recordarte de tus fallos, sino simple recordatorios de que vivas tu vida sin miedo hacia el ocasional paso en falso, y no disculparte por ello.

No obstante, el cometer los mismos errores continuamente, indica una renuencia a examinar las razones más profundas detrás de tus elecciones. Aquí ayudaría el considerar las elecciones como una reflexión de tu estado emocional. Un mundo emocional nublado por impulsos irracionales, por ejemplo, obstaculiza tu habilidad para tomar decisiones desde un centro balanceado, y crea un bucle que limita tus opciones y te conlleva a cometer los mismos errores. Puedes alivianar esto al reconocer cuándo tomas decisiones desde un estado de desbalance.

El tomar decisiones durante tiempos de estrés es una lección fundamental del plano físico, y hay decisiones de fracciones de segundo que pueden ser una necesidad de vida o muerte. Sin embargo, en muchas situaciones, puedes darte el lujo de tomar decisiones con mayor deliberación. En tales casos ayuda mucho el medir tu estado emocional antes de tomar una decisión. Si tu estómago se revuelve o brotes de ansiedad circulan por tu cuerpo, por ejemplo, toma tiempo para centrarte de nuevo. Esto puede lograrse de una manera fácil con algo tan simple como aclarar tu mente con una breve meditación.

En el esquema mayor [de las cosas], las elecciones no son ni buenas ni malas, pero algunas elecciones se sienten mejor que otras. Por ende, para aprender de aquellas elecciones que consideras errores, necesitas reconocerlas como errores en primera instancia. Una vez lograda esa toma de conciencia es entonces un tema de rastrear la progresión de las decisiones tomadas que llevaron al error, e identificar dónde en este trayecto de decisiones tomadas tuvo lugar el descarrío. De forma más sucinta, cuando te das cuenta de que las decisiones tomadas fueron el resultado de impulsos tomados al azar, luego aprendes a tomar decisiones de manera más consciente. El pensamiento desestructurado, los impulsos irracionales, o una falta de concentración, son las razones más comunes por las que se repiten los mismos errores vez tras vez.

Concerniente a la aplicación de algún ejercicio aquí, la mejor forma que conocemos para aprender de los errores es COMETIÉNDOLOS. No hay ningún valor intrínseco en tratar frenéticamente de evadir todos los errores, ya que los errores son parte de la experiencia física y en la mayoría de los casos tu vida no será extinguida si cometes uno.

La dualidad de éxito y fracaso es una ilusión de aquellos que encuentran mayor confort en apoyarse en aquello a lo que le tienen miedo en vez de aquello en lo que confían. Permite a tu vida desarrollarse naturalmente -- no hay necesidad de forzarla. Tienes tiempo más que suficiente para hacer las cosas bien, así que saborea los momentos que haces las cosas mal. Algún día puede que valores esos momentos más de lo que te percatas.

3) No Eches La Culpa a Otros



Cuando echas la culpa a otros por la forma en cómo te sientes, rara vez cumples lo que esperas obtener. Aunque otra persona de hecho puede ser un catalizador para tu sufrimiento, el torturarte a ti mismo continuamente por lo que ellos hicieron es una agonía auto-infligida que a la vez obstaculiza tus esfuerzos para sanar, y aleja a tus amigos y familiares que tratan de ofrecerte un oído de simpatía. El elegir sufrir es una elección, no una ley.

Por otro lado, la convulsión emocional de ser una víctima es extrañamente seductora para algunos fragmentos, pero la adopción de este mantra es una distracción insidiosa que solamente oscurece la verdad. Las víctimas son creadas, no nacidas.

Otros fragmentos pueden pisotearte si te acuestas en el piso frente a ellos. Por ende, echar la culpa a otros, sólo te cementa más firmemente en el pavimento, por así decir. Sin embargo, cuando te pones de pie y enfrentas el tumulto que se va moviendo, pones un pie delante del otro y tomas activamente tus propias decisiones sobre hacia dónde pretendes dirigirte en la vida. Las obvias excepciones son los fragmentos atrapados en situaciones insostenibles, como el holocausto. Pero aun en tales casos, los fragmentos que se percatan de que la naturaleza infatigable de su alma nunca podría ser aprisionada, terminan con frecuencia siendo aquellos que sobreviven la ordalía.

Ofrecemos el siguiente ejercicio:

Trata de encontrar tu complicidad en todas las situaciones que te han causado desilusión.

Nos percatamos, por supuesto, que algunos eventos en la vida están más allá de tu control, pero en muchas situaciones, si sigues las migajas de pan, por así decir, puedes identificar dónde tus decisiones se entremezclaron con los de otros y jugaron un papel directo en el resultado. No queremos implicar que debes tomarte a mal, pero es instructivo ver cómo tus propias contribuciones abanicaron las llamas, o por lo menos, habilitaron el resultado. Una vez más, el propósito no es echarte la culpa a ti mismo, sino traer luz hacia cómo el evento tomó forma.

Digamos, por ejemplo, que tu perro cava un hoyo debajo de tu verja, acosa el cartero, y eventualmente lo muerde. Como represalia, el cartero entonces te insulta a ti y luego convence a la oficina postal de que detenga todos los envíos de correos a tu dirección.

De manera justificada estás contrariado por cómo han tenido lugar estos eventos, y aunque te das cuenta de que tu perro debió ser manejado de mejor forma, le echas la culpa al cartero por todo lo demás. Pero, examina bien de cerca el rol que jugaste en este drama: ¿fue sabio discutir con el cartero cuando él se quejó anteriormente de que tu perro se estaba saliendo de manera rutinaria y que se sentía amenazado? Después de todo, él estaba haciendo su trabajo. Sí, el cartero se comportó de una forma ruda cuando se enfrentó contigo, pero, ¿qué tal si te percatabas de que su verdadero enojo proviene de experiencias negativas pasadas en las cuales había sido atacado por otros perros?

Aunque es fácil echarle la culpa a otros, nos encontramos muy raros los casos en los que no existió una complicidad entre ambas partes. Aun en casos con fragmentos que han sido victimizados, con frecuencia encontramos evidencia de que las señales de advertencia fueron claramente ignoradas. Esto no es con el fin de echarle la culpa a estos fragmentos, sino meramente puntualizar que cuando toman responsabilidad de su vida están mejor equipados para aceptar el resultado.

Para concluir, cuando la vida parezca no tener esperanza y te sientas a merced de otros, trata de utilizar la afirmación: “Yo soy el maestro titiritero de mi vida, y yo sostengo sus hilos”.

4) Deja de Lado los Juicios



Para dejar de lado los juicios y honrar las diferencias en otros, debes primero honrar las diferencias en ti mismo. ¿Qué te coloca aparte de las demás personas, lo cual es lo que te hace diferente? ¿Hay algunos aspectos de ti por los que te sientes avergonzado o tratas de esconder?

Cuando aprendes a amarte a ti mismo, incluyendo aquellas partes de tu ser que sientes que no merecen tu amor, también estableces una zapata para aceptar y amar aquellos que están a tu alrededor. Para la mayoría de nuestros estudiantes seríamos remisos al decir que ésta es una tarea fácil, por lo que ofrecemos lo siguiente:

Elige alguien actualmente en tu vida e identifica un aspecto de ellos que te moleste (si existe más de un aspecto, solamente elige uno por ahora).

Trata de reproducir en tu mente una escena en la que el individuo presenta su comportamiento ofensivo. Reproduce esta escena en tu mente algunas veces y revive la experiencia; trata de analizar la fuente de tu molestia (no queremos decir la acción de la persona, sino aquello que es lo que te dispara a ti). Si, por ejemplo, la persona constantemente te interrumpe, trata de identificar la carga que tienes respecto a ese comportamiento. ¿Puedes rastrearlo a otras áreas de tu vida?

Cuando descubres el origen de tu descontento con otra persona, con frecuencia te das cuenta de que no es su comportamiento el que te molesta, sino más bien una parte profundamente arraigada de ti mismo que necesita sanarse. A menos que los límites personales sean violados y requieran una protección real, la marca de una persona espiritualmente saludable es una en la que reacciona con neutralidad hacia las acciones de otros. Si encuentras que tu nivel de tolerancia se está reduciendo, busca dentro de ti por una respuesta. La otra persona no es la causa de tu molestia; ellos simplemente removieron el velo y pusieron al descubierto tus miedos y vulnerabilidades. Después de todo, cuando un nervio es expuesto, ciertamente se siente a carne viva, y la reacción natural es protegerlo de sufrir más daño. Pero entiende que tu reacción dice más de ti que de la otra persona.

Puedes practicar este ejercicio con facilidad sin necesidad de una situación en el mundo real. Utilizando la ilustración de nuestra persona que interrumpe, repite una vez más la experiencia en tu mente, pero esta vez practica el tener diferentes reacciones hacia el evento. Donde antes te sentiste molesto, revisa si a través de práctica puedes experimentar con tus reacciones hasta que encuentres una respuesta neutral. La meta, por supuesto, no es condonar el mal comportamiento, sino aprender y adquirir tolerancia por las idiosincrasias que tienen los otros que, hasta ahora, han mantenido a tus emociones de rehén.

El entender [los aspectos de la personalidad] de otros pueden con certeza agregar mayor perspectiva hacia los patrones de comportamiento existentes, pero con la práctica puedes remover la carga negativa que experimentas alrededor de ciertos fragmentos, aprender a aceptar sus diferencias, y otorgarles el honor que se merecen.

5) Aprende a Perdonar



El perdón es un acto relativamente simple, que requiere poca o nula preparación, sin embargo se mantiene siendo una de las lecciones más intimidantes que enfrentan nuestros estudiantes. De hecho, si cada fragmento en tu planeta realizara un solo acto de perdón al día, el mundo entero se beneficiaría. Pero el proceso evolutivo de tu civilización sigue un curso natural, y los fragmentos despertarán cuando estén listos para ello.

Aprender a perdonar es vital para tu salud espiritual por varias razones:

- El perdón te libera de las cadenas que te atan a todo el mal por el cual has sufrido. Las violaciones hechas en contra de tu ser, sean kármicas o meras molestias, continúan infligiendo dolor y daño hasta que perdones al fragmento en cuestión y liberes la carga negativa o el desbalance creado inicialmente. Mientras alimentes sentimientos de enojo y resentimiento, revives el acto injurioso y continúas cayendo víctima de este.

- El perdón no quiere decir que condonas el acto. Simplemente liberas tu apego negativo hacia él y detienes las victimizaciones subsiguientes por su recuerdo. También liberas al perpetrador del lazo energético que se creó al momento. No diríamos que el perdón es necesariamente un divorcio, per se, pero hay elementos del matrimonio no saludable presentes entre dos fragmentos en necesidad de perdón.

- Cada acto de perdón es otro paso hacia el Ágape. El perdón florece como una flor en tu alma y el mero número de flores son directamente proporcionales a los actos de perdón ejecutados. Similar a la abeja de miel que poliniza las flores vecinas, un acto de perdón puede literalmente polinizar cientos de flores.

- Otro aspecto interesante del perdón es el elemento de sanación. Cuando alguien viola tu confianza, por ejemplo, te sientes como si tuvieras un resfrío emocional; el perdón entonces sirve de antídoto. En este caso el perdón funciona como un antibiótico natural contra la afección.

- Finalmente, el perdón te enseña a amar a aquellos alrededor de ti que actúan de forma no digna de amor. Destruye las barreras erigidas alrededor de las inseguridades, prejuicios, y miedo, y te expone a la verdad de que el Amor es la Constante Universal. Hemos dicho anteriormente que los adversarios son tus mejores maestros, y mucho puede aprenderse al perdonarlos.
Para utilizar una analogía de negocios, el perdón es como un contrato que escribes que te libera de cualquier lazo negativo que tengas contigo mismo o con la otra persona. Este contrato es tu intención de dejar de lado el miedo y reemplazarlo con el amor. A lo largo de una vida vas a colectar un inventario sustancial de miedos sin resolver y se puede decir que tu alma se convierte en un almacén para estos artículos. Las góndolas, por así decir, pueden de hecho estar repletas de cajas y polvo, pero no hay fecha de expiración en los miedos que has encajetado y guardado. Y revivir la potencia de lo que está en la caja es tan simple como abrir su tapa. El perdón, por tanto, es tu forma de liquidar tu inventario y redistribuirlo de una forma más positiva.

Siendo otro instrumento en tu arsenal de herramientas espirituales, el perdón simplemente te ayuda a liberar la energía negativa. En cualquier momento que retienes este tipo de energía, limitas la plenitud de tu potencial. El perdón es tu medio para limpiar las energías reprimidas de resentimiento, frustración, enojo, molestias, traiciones, odio, y toda una hueste de otras enfermedades espirituales que actúan tal como si fueran parásitos y te previenen de encontrar más dicha en tu vida.

Muchas herramientas están disponibles para enseñarte sobre el perdón, pero hemos tratado de destilar muchos de los conceptos en un solo ejercicio.

Primero, toma conciencia de que el perdón no es una herramienta efectiva si no crees sinceramente en él. En la sociedad, tales intentos insinceros para el perdón no son mejores que un parcho si la sinceridad y la determinación no forman parte de la mezcla prescrita (RX).

En este ejercicio, por tanto, en vez de enfocarte en un individuo específico, busca algo qué perdonar dentro de ti mismo. Debiera venir como poca sorpresa para ti de que no hay mayor prueba de sinceridad existente que cuando enfocas el lente de sanación en tu propia vida.

Comenzando a la edad de seis años (si puedes recordar tan atrás), comienza a extraer recuerdos de tu pasado, revisando cuidadosamente por eventos que todavía contienen una carga emocional. Busca en particular por cualquier incidente en el cual sentiste vergüenza o remordimientos. Permítete revivir estos sentimientos si puedes, y similar a nuestro ejercicio previo en el cual enfrentas tu dolor, una vez más permite que las emociones circulen por tu cuerpo.

Ahora pondera las ramificaciones de tu acción y reconoce cómo pudo haber afectado otras personas. No te juzgues a ti mismo aquí, solamente entiende el papel que jugaste en el incidente. Cuando la intensidad de tus emociones haya llegado a un clímax -- no disímil a la potencia de la descarga sexual -- perdónate a ti mismo. Utiliza cualquier afirmación que sea apropiada para la situación, pero haz el voto con tanta intensidad como puedas generar de que estás liberando el miedo de ese recuerdo y perdonándote a ti mismo por el daño que infligiste en otros, incluyendo los errores que cometiste. Reconoce la validez de la experiencia por lo que te enseñó, pero haz un pacto contigo mismo de que una vez liberes este miedo has terminado con él de una vez por todas. Ahora permite que la energía se disipe, y deja ir el pasado.

Continúa este ejercicio por el siguiente par de días (o tanto tiempo como sea necesario) y encuentra más experiencias personales en tu vida que pueden beneficiarse de tu perdón. Trae a la luz especialmente cualquier recuerdo que todavía hoy te persiga y dale atención especial. Tal como niños sin hogar y abandonados, éstas son áreas de tu pasado que todavía gritan por que les des tu amor.

Una vez hayas desarrollado una suficiente cantidad de destreza con este ejercicio, entonces estarás listo para elegir a alguien que no seas tú para perdonar.

El perdón es el único camino que conocemos para alcanzar la verdadera paz interior. Como todo lo demás, sin embargo, es al final del camino una elección si decides liberar tus miedos del pasado y reemplazarlos con amor.

6) Haz de la Vida Algo Sagrado



Decimos con cierta ironía que muchos fragmentos nunca toman conciencia de la verdadera belleza de la vida hasta que llegan a sus últimos momentos. En estos segundos fugaces de conciencia, mientras jadean para llenar sus pulmones con una última bocanada de aire, la toma de conciencia punzante -- por lo menos en el sentido físico -- de que, a pesar de las incesantes preocupaciones por el trabajo, las relaciones, la familia, y la misión por la búsqueda de una minucia de detalles que absorben cada momento de lucidez, el significado de la vida es simplemente la vida misma, y que la única expectativa que se tiene de todo fragmento que vive en un cuerpo, es la de vivir.

La vida, por tanto, es por su propia definición, sagrada. No existe mayor expresión del Tao que en la pulsación ilimitada de la vida que anima el cuerpo de cada hombre y criatura. El ver la vida mirándote de regreso en los ojos de otro es ver una reflexión de la misma fuerza vital que anima tu propia alma.

En efecto, algunas veces puedes aprender a apreciar la sacralidad de la vida al enfrentarte cara a cara con tu propia mortalidad. Para los fragmentos que saben que han llegado al final, la vida puede de repente surgir con una vitalidad nunca antes vista. Todos los sentidos explotan con una nueva toma de conciencia de la belleza, y hay con mucha frecuencia un intento desesperado de capturar esas sensaciones en fotografías mentales antes de que la conciencia [en el cuerpo] se extinga.

La triste pregunta hecha por el fragmento moribundo es: ¿por qué esperé tanto tiempo?

Con esto no queremos implicar que debieras acelerar tu muerte con el fin de llegar a esta toma de conciencia, pero para los fines de este ejercicio, permite a tu imaginación llevarte allí con lo siguiente:

Trata de imaginar que has recibido noticias de tu doctor de que solamente te queda un día de vida. Inclusive intenta sentir el shock y la decepción de estas noticias del doctor. Pon atención particular, en todo caso, de tus desilusiones:

¿Qué cosas echarás de menos? ¿Qué remordimientos tienes? ¿Qué harías diferente si se te diera la oportunidad de comenzar tu vida de nuevo?

Al principio podrías considerar frívolas estas preguntas, pero si son abordadas seriamente, sus respuestas pueden ser bastante reveladoras. La meta es aprender de las cosas que diste por sentado en la vida, y aprender a cómo tomar decisiones que están mejor alineadas con las intenciones de tu esencia.

Algunos de nuestros estudiantes han pensado sobre esto, y han preguntado si la vida puede de hecho satisfacer la sed del alma. Pero de la misma forma que una taza de agua puede hidratar el cuerpo y asegurar su vitalidad continua, la vida es el recipiente que reabastece el alma con el más grande regalo que el Tao puede otorgar: la experiencia.

Tal como hemos dicho muchas veces antes, nada es desperdiciado en forma alguna; pero nada es obtenido, tampoco, si el regalo más grande que puedes recibir es desperdiciado con poca gratitud hacia el dador de tal regalo.

Debiéramos aclarar, en todo caso, que la vida no es sagrada por razones de exaltación religiosa; la vida es sagrada porque es TUYA. Y en tu vida es una elección si decides ser el creador o el destructor. Aunque, hay mucho que puede aprenderse de cualquiera de las dos opciones.

7) Vive En El Presente



El vivir en el presente puede ser aptamente descrito como un gato contento que está acurrucado como hecho una pelota y se está calentando al lado de una hoguera. Mucho puede aprenderse del observar a los gatos. Ellos viven en el presente más que cualquier otra criatura que conocemos. Todos los animales viven en el presente, por supuesto, pero los gatos en particular lo han convertido en una forma de arte. Sin estar preocupados ni por el pasado ni por el futuro, los gatos por siempre se enfocan en el "ahora". Con una gracia y agilidad en la vida similar a una bailarina de ballet, el gato danza a través de su existencia tal como si la música nunca se detuviera. Esto podría sonar agotador para algunos de ustedes, pero entiendan que el gato es una criatura del momento; nunca se preocupa a sí mismo con momentos futuros o momentos que ya se deslizaron hacia el pasado. El gato simplemente ES.

Nosotros vemos el vivir en el pasado, por otro lado, como un lienzo gigante, salpicado caóticamente con las emociones de anhelos distantes, relaciones perdidas, y miedos que se auto-resucitan. Mucho puede ser adquirido, por supuesto, al honrar las lecciones aprendidas en el pasado, pero para escapar de esos mundos fantasmales de yos anteriores -- inclusive yos de hace tan sólo cinco minutos atrás -- es importante liberarse de los grilletes de LO QUE FUE.

A la inversa, el vivir en el futuro es como colgar un marco sin ningún lienzo. Vives tu vida ansiosamente, preocupado por el lienzo que no se ha pintado, y sin embargo continúas decorando tus paredes con marcos vacíos. Sólo en el presente tu pintura -- una pincelada a la vez -- llegará a completarse.

Un ejercicio sugerido (si no tienes aversión a salir a caminar) se puede encontrar en el banco de tu parque local. Primero, encuentra tu banco. Luego, calla tu mente y solamente ESCUCHA.

Imagina cada sonido que oyes como un instrumento musical y escucha a la unicidad de cada frase rítmica. Cada sonido que oyes canta la sinfonía del presente: puedes oírlo en el susurro lastimero de las hojas, en los interludios festivos de las aves, o el parloteo juguetón de los niños. Y si escuchas cuidadosamente, un mundo que hace mucho escapó de ti gradualmente se revelará a sí mismo.

Aunque puede no resultar conveniente, los emprendedores entre ustedes pueden intentar esto con todos los cinco sentidos. La meta, en todo caso, es sintonizar tu conciencia hacia lo que sea que está ocurriendo en el momento presente. Por ejemplo, ¿cuántos instrumentos en esta sinfonía, en sentido figurado, puedes escuchar, ver, tocar, gustar y sentir?

Una vez tengas la partitura de este gran trabajo desplegado en frente de ti, imagínate a ti mismo en efecto tocando los instrumentos que percibes: sea el árbol que se dobla en una postura anciana de servidumbre; sea el cuervo que se mofa con sus críticas desde arriba; sea el estanque lodoso que espera pacientemente debajo; sea el silencio que se mueve sobre el parque en sombras somnolientas.

Para vivir en el presente solamente necesitas sentir el pulso de todo lo que está alrededor tuyo -- este es el ritmo de la vida. Y cuando vives en el presente, TÚ eres el director [de la sinfonía].

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About David Gregg

David is the webmaster of MichaelTeachings.com and also moderates the Michael teachings discussion list at Yahoogroups. He has been a Michael student since 1996 and began channeling as a tool for spiritual enrichment. He is also a professional musician and plays the saxophone, clarinet, and flute, with a lifetime love for jazz and classical music. He enjoys literature and book collecting, and writes short stories in his spare time.

He occasionally writes reviews and profiles of jazz musicians at his jazz blog, Jazz Reader.

 



 

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